Nuestras columnistas y columnistas firman. La información se separa de la opinión: acá pensamos el país en voz alta.
Una moneda estable es deseable. La pregunta es a costa de qué y de quién. Cuando el único mandato es la moneda, el salario, la salud y la escuela pasan a ser variable de ajuste.
La motosierra no toca a los que fugan capitales: toca la escuela, el hospital y el laburo del vecino. El Estado que sobra para el discurso es el que falta cuando hace falta.
No se destruye riqueza, se la cambia de manos. Cada punto de salario que se pierde aparece, del otro lado, en la renta de los que concentran. No es magia: es política.
Cada vez que llaman "costo" al salario, están mirando al laburante como un problema y no como el que sostiene la producción. Sin trabajo digno no hay mercado que aguante.
El FMI no cobra en pesos ni en promesas: cobra en jubilaciones, en obra pública y en soberanía. Cada vencimiento que se honra sin discutir es un recorte que ya está firmado.
Presentan como ahorro lo que en el fondo achica la participación. Cuando las candidaturas las deciden las cúpulas, el pueblo llega tarde a una elección ya cocinada.